En el mundo en el que vivimos, cualquiera de nuestros movimiento queda registrado. De algunos de ellos, quizás los que recogen la información más sensible, no somos plenamente conscientes: cuándo y por qué fuiste al médico, cuánto dinero sacaste aquel día del cajero, a qué hora entras y sales cada día de un parking...
Sin embargo hay otras cosas que somos nosotros mismos los que, casi siempre sin orden ni concierto, nos empeñamos en registrar. De manera más o menos rigurosa, no es extraño encontrar a quien guarda registros de lo que escucha, de lo que pasa ante sus ojos, de las cosas que le gustaría hacer antes de morir, de las páginas web que lee con asiduidad, nuestras listas de deseos, etc.
En Internet proliferan todo tipo de servicios gratuitos que permiten estas cosas. Pero...
¿Para qué tantos datos sobre nosotros? ¿Acaso somos tan importantes? ¿De verdad a alguien le importa qué música escucho más que a mí? ¿A dónde va a parar toda esa información?
Seguro que todos ustedes tendrán respuestas a estas preguntas. Yo mismo tengo mis teorías.
Indudablemente no todos los servicios que encontramos son tan inocentes como creemos. Es más que probable que de la información obtenida de ellos se nutran grandes compañías ávidas de conocer más y más a sus clientes potenciales y a los que no lo son.
La mayoría de nosotros damos datos que nos parecen poco importantes a desconocidos a cambio de un servicio. ¿Gratuito? No, que no nos cuesta dinero.
¿Podemos prescindir de todo eso? ¿Realmente queremos?
¡Yo no! Y más cuando la mayoría de los usuarios de la Red, en contrapartida, vamos aprendiendo a hacer un uso cada vez más inteligente. El tiempo no pasa en vano y los cambios se van produciendo. Sin duda, la mejor prueba de ello es la Blogosfera, que madura fenomenalmente bien.
¿Quién iba a pensar que en un periódico hablasen sobre un blog o se nutriesen de uno de ellos para elaborar noticias? ¿O que las opiniones de un bloguero repercutieran en grandes compañías? La influencia y difusión que tienen los blogs es imparable. Sin duda estamos ante una revolución que ya ha empezado a cambiar el mundo de la comunicación tal y como la conocemos.
El día 30 de marzo de 2003, hace casi exactamente 3 años, comenzaba a escribir mi primer blog con las siguientes palabras:
Hey, bienvenid@s a mi galaxia!!
Hace quizás un par de años leí un artículo sobre la existencia de los weblogs. En principio la idea me pareció interesante y le eché un vistazo a algunos, pero todo se quedó ahí. Ahora, pasado el tiempo y sin premeditación de ningún tipo (..) me registré y aquí estoy, ¿no es estupendo?
Del mismo modo -sin ningún tipo de premeditación-, y después de más de un año sin postear, hoy vuelvo a la blogosfera. Y lo mejor de todo, sigue siendo estupendo.
Hola, Mundo!